Ayer fui a casa de G.M. a “ver Los Simpson” pero obviamente acabamos revolcándonos de la manera más puerca posible (como la mayoría de las veces, a menos que él esté de sentimental y solo se le antoje de misionero, a oscuritas y tocándome la cara).
Creo que el toque especial de esa noche se dio gracias a la canción Alleine zu zweit de Lacrimosa y otras más de Rammstein.
No me acuerdo cómo, pero llegamos al punto de discusión donde debíamos de decir cosas cursis, como que no íbamos solo a su casa a tener orgasmos. Sino que íbamos para sentirnos bien y coger, amarnos un poquito y coger, estar más unidos y coger, etcétera.
No me acuerdo cómo (puta madre) pero empezamos a recordar cómo era nuestra relación hace cinco años, cuando andábamos de novios y toda la cursilería del mundo. La neta me gusta recordar esa época, cuando yo era una mocosa inexperta y tenía roces con mi mamá por mi primer novio… pensándolo bien, solo me gusta recordar cuando G.M. y yo íbamos al parque, tomábamos helados y nos besábamos en las banquitas de los parques. Prefiero omitir las reprimendas injustas y cotorras de mi mamá. Según ella, G.M. me mangoneaba a su antojo y me estaba cambiando de una muchacha responsable a… una muchacha irresponsable.
Cinco años después, el noviazgo se fue a la chingada (de un modo quizá menos espectacular pero igual de dramático que Titanic, cuando El DiCaprio muere), él sigue perdidamente clavado conmigo, yo ando desesperadamente buscando novio y de manera general cogemos de la manera más puercamente posible desde hace tres años. ¿Qué por qué? A lo mejor un día me tomo la molestia de explicarlo, de mientras, les diré que eso no les importa y que se metan en sus asuntos.
Él dijo bien mamonamente, que sabía que yo era una niña y que difícilmente mi amor en aquél entonces podía ser verdadero. Lo peor del asunto ,es que me puso a pensar en si tenía razón y yo me aluciné tremendamente. O sea que me formé una imagen de él y terminé de nalgas por alguien que no existió más que en mi mentecilla puberta.
Y le dije, le dije, entonces le dije
- Ay sí, namás creí que eras superior a mí y que tenías algo que enseñarme y por eso me volví medio oligofrénica por ti en ese entonces ¿no? – le dije
Maldición. Profundicé mis calenturientos sentimientos hacia I.B. y descubrí, que en efecto nuevamente ando de nalgas por la impresión que tengo de él: mayor que yo y con muchísimo que enseñarme. En pocas palabras lo admiro y eso tiene lógica: no podría estar con alguien sin admirarlo y sin sentir que es enormemente chingón.
No me acuerdo cómo (puta madre) pero terminé confesándole que me siento atraída hacia I.B. (doble puta madre).
Él no le daría una excesiva importancia, pero el chiste es que I.B. es su mejor amigo. Aparte, yo debería sentirme culpable, cosa que no siento, si G.M. fuera todavía mi novio., cosa que no es.
Se puso muy nervioso y empezó con sus rollos de la amistad y “I.B. nunca andaría contigo porque es mi amigo”. Y yo pensando “Ajá wey, ahorita mismo voy para su casa en lencería de a suavecita y a ver si no terminamos en su cama”… pero después pensé que no era lo mismo coger que andar. Y le expresé mis sencillos pensamientos “Si I.B. no andaría nunca conmigo, es porque él ha hecho algo y es alguien… en cambio yo, a pesar de que un día seré alguien y haré algo, todavía no soy alguien ni hago nada”. Hasta ese nicho tan cercano a Plutón he subido a mi biólogo favorito.
Ya no tuvimos tiempo de encabronarnos mutuamente (yo porque me dijera que nunca andaría conmigo (o sea ya sé, pero no tiene que decírmelo en voz alta) y él porque me siento atraída por un wey que no es él) porque era tardísimo y evidentemente no avisé en mi casa que iba a llegar tarde debido a mis calenturientas intenciones.
“Oye ma, hoy llegaré tarde. Después de la chamba iré a coger con mi ex, ése que te cae tan bien”.
martes, 18 de marzo de 2008
Un día normal en la vida de...
lunes, 17 de marzo de 2008
¿Por qué eres amarillo?
Pero es lindo verlo en línea. Aunque no hablemos. Es como tenerlo más presente: sé que está ahí, frente a su laptop o su computadora.
Incluso me alegra el día. Pero, claro no estoy enamorada de él…
jueves, 13 de marzo de 2008
Un cliente acogible
Bueno, entra y yo babeando.
El Cerdo probablemente se dio cuenta de la, sino química, atracción hacia él, porque nada más se fue (iba por algo que se le olvidó, necesario para hacer su pedido) y él:
- Qué tan mala serás que ya lo corriste.
Y yo
- Es que temí que si se quedaba más tiempo aquí, no podría resistir el impulso de cogérmelo.
Y como El Cerdo tenía los audífonos puestos
- ¿Mande?
Y yo
- Es que se le olvidó una cosa y fue a su casa a recogerla.
Sexo, pero sin compromiso ¿eh?
Jueves.
La semana se me ha hecho eterna. Sin provecho. Trato de recordar algo relevante del lunes y no encuentro nada…
Así que mejor me aferraré a los recuerdos
(cachondos eroticos placenteros)
del martes.
El lunes tuve un sueño que en otras circunstancias habría sido satisfactorio. Pero a estas alturas, no pudo ser otra cosa que escalofriante: yo, fornicando con mi novio J.T. ¡Incluso intentábamos nuevas poses!... para quien haya leído el primer post, diré que él es el hombre no circundado.
Ambos estábamos entusiasmados, excitados… y me vine. Si hay clasificaciones de orgasmos, diría que aquél fue muy malo: apenas sentí que iba a venir (me), lo perdí. Bueno, no lo perdí, lo experimenté, pero fue poco intenso.
El martes, en el camión rumbo a la casa de G.M., recordé tal experiencia terrorífica… y lo que pasó a continuación, hizo que la olvidara por completo.
A las 8 a.m. estaba puntualísimo G.M. en la puerta de mi casa. Y cómo no, quedamos el día anterior de ir a su casa a tomar un café…
Pero pongámosle el nombre que le pongamos (Oye, por qué no vienes a mi casa a ver una película/tomar un café/para que me ayudes a regar las plantas/para que me digas si mis nuevos pantalones me quedan bien), siempre terminamos pues… poniéndole.
Qué raro. Nunca se me había ocurrido que yo “le ponía” con alguien. Es decir, sí, fornico, hago el amor, tengo sexo, relaciones sexuales, cojo… pero ¿ponerle? No lo había pensado.
Chingadera, su perrito, nos recibió emocionado y no pude evitar darle un par de palmaditas al can en la cabeza. Ya dentro de la casa, no pensaba en el perrito, sino que él me cogiera de perrito.
Antes incluso del toqueteo preliminar, me lavé las manos. Conociendo mis manías, él también se las lavó. La cortina de la regadera
(estaba corrida, yo no, pero pronto lo estaría)
opacaba la poca luz que entraba por la ventanita del baño. Yo estaba con las nalgas y manos contra el lavabo, mientras él se inclinaba hacia mí, oliendo y tocando mi cabello, con los ojos cerrados. Yo también los cerré. Sentí sus manos en mi rostro, en mi cuello, en mis senos, en mi estómago. Bajaban, bajaban… pero el desgraciado me hizo sufrir un poco y hasta ahí llegó.
- Qué indecente eres ¿quieres hacerlo en el baño? – fingió regañarme
No sé qué cosa le contesté. Puedo recordar la calentura que sentía, la humedad que no me molestaba, más bien me excitaba. Puedo recordar que tenía los pezones erectos y que mis pies estaban desnudos, que deseaba besarlo de la forma más cochina posible y hacerle sexo oral brutalmente… pero no puedo recordar qué le contesté. Debió ser algo poco ingenioso, de todas formas.
Fuímos a su cuarto y con un empujón lo senté en la cama. Me puse entre sus piernas, de pie, y lo besé en realidad menos puercamente de lo que me imaginé… al principio. Tras unos segundos le estaba mordiendo el cuello no tan suavemente
(sadomasoquistas oh si)
mientras él me apretaba las nalgas con ambas manos. Cuando le empecé a mordisquear el lóbulo izquierdo, noté su erección contra mi muslo y mi excitación aumentó. Quería que me penetrara de inmediato, así, con todo y ropa, solo con los pantalones abajo
(suyos y míos. Su ropa interior también abajo y yo con una diminuta tanga de pingüinitos esquiando puesta)
para luego sentir cómo se venía sobre mi espalda… pero me controlé: no teníamos prisa. Así que me subí en él, todavía con ropa y comencé a besarlo mientras le tocaba el pene
(¿es pecado estar húmeda en el trabajo? Si es así, en cuanto termine mi turno, seguro iré al infierno)
Él no se aguantó mucho y me quitó la blusa, aventándola a cualquier parte. Se confesó encantado por mis senos y los tocó, metiendo las manos en las copas, pellizcándome los pezones mientras yo me movía sobre su miembro. Me atrajo hacia él y me chupó los pezones, gracias a lo cual casi pierdo la cordura.
Tomándolo de los hombros, rodé para que cayera sobre mí que ya tenía las piernas abiertas. Me quitó el sostén, abrió mi cinturón y me sacó los pantalones de un tirón, autoritario, lo cual me excitó aún más. Solo me quedé con la tanga. Me incorporé para bajarle los pantalones y… comer algo. Estaba verdaderamente hambrienta. Él no gemía: solo me veía hacer, hipnotizado y con una mano sobre mi cabeza
(antes eso me molestaba, pero ahora me agrada)
Detuvo la situación, suavemente, para acostarme sobre la cama. Pero me negué rotundamente y más bien yo lo acosté y luego me puse sobre él, acercando su pene a la entrada de mi vagina, jugando. Él ya estaba más que caliente, se moría por penetrarme… así que lo torturé otro ratito más y luego entró en mí.
Quedamos paralizados un momento, extasiados, pensando que podríamos pasar una eternidad así
(yo lanzo un gemido de placer)
… y luego nos contradecimos y comenzamos a movernos
(ha venido un cliente a pagarme una deuda, yo, totalmente idiotizada por mi propio relato, amén de la humedad entre mis piernas, no supe qué hacer con el dinero que me entregaba, hasta que recordé que tenía que darle su cambio y atender otras peticiones que me hacía)
Le digo que se quede quieto, mientras yo subo y bajo por todo su miembro, primero despacito… después aumentando la velocidad hasta que se vuelve algo casi violento. Él me marca el ritmo, con sus manos en mi trasero. No se aguanta y ocasionalmente me da nalgadas.. lo cual me encanta.
Me incorporo totalmente y cierro los ojos. Respiro más fuerte, exclamo “Oh” más fuerte. En poco tiempo siento llegar un orgasmo, tranquilo, potente
(muy distinto al del sueño)
Y él también lo siente. Cuando abro los ojos, él me mira sonriendo lascivamente y antes de que pueda reaccionar me derriba hacia la cama y comienza a lamerme el clítoris, con dos dedos en la vagina. No puedo aguantar mucho y me vengo otra vez. Él lo vuelve a sentir y sin darme las buenas tardes me levanta las piernas por los tobillos para ponérselas sobre el hombro derecho y penetrarme. Lo que siento es exquisito y sé que lo excitaré si me toco los senos, el estómago, la cara, y eso hago.
Me dice que le encanta mirarme, que le encanto yo y que le encanta penetrarme. Yo le digo que sí, que siga así, que no pare, ooohh (que si para lo mato) y luego correspondo con otro orgasmo. Dice que se va a venir y yo le digo que quiero su semen sobre mi torso. Veo ponérsele la carne de gallina y cerrar los ojos. Él cumple y sacude su miembro hasta la última gota de semen. Pienso en chupar los restos que quedarían en la uretra… pero el recuerdo del sabor del semen me hace desistir.
Tras quitarme de forma torpe el semen con papel higiénico se tiende a un lado y nos miramos por un largo rato.
Creo que es el único exnovio con el que me llevaré tan tan tan bien tras terminar.
Nos entendemos excelentemente bien la cama, que es una lástima que lo nuestro sea irrecuperable.
miércoles, 12 de marzo de 2008
Si no tienes nada bueno qué decir, cabrón...
Él claro, aplastado “haciendo su trabajo”. No sabía que uno pudiera percibir dinero por abrir el messenger y jugar a las luchitas con su hermano.
Pero en fin, él es una parte (nula y prescindible) de este negocio y tuve que preguntarte que qué le parecían mis artísticos volantes. Al acercarse a mi monitor, levantó los hombros lanzando una exclamación que daba a entender “No está mal”. No me aguanté y lo miré con jeta de “A ver cabrón, di algo que valga la pena”. Supongo que lo notó, porque se le dibujó en la cara una sonrisa asquerosa y dijo “Sí, está bien Luciérnaga… digo, para lo que nos va a servir”.
Y yo con ganas de recordarle que los volantes pasados dieron resultados y que yo los tuve que repartir, a pesar de que el huevón me prometió que iba a hacerlo. Aunque ahorita que lo pienso, a lo mejor no tenía mucho que ver.
Tal es su juego: yo soy superior a ti en todos los aspectos. Tengo derecho a humillarte y a pensar que cada respiración tuya es un atentado contra mí.
No me gusta hablar de él. De nuestra insana y podrida relación. Pero no puedo ignorar lo que me afecta su sola presencia… es decir, al pensar en el trabajo, pienso en cumplir de alguna manera con él…
Me estoy traumando.
martes, 11 de marzo de 2008
Monotonía
Claro, también puedo salir a la banqueta a tomar el aire. A fumar no, porque le dirían a M.V. y se sentiría culpable, pensaría que lo hago para molestarle.
He ahí C.R., ruidoso como marrano atorado, rechinando la silla para hacerse notar. Para hacer creer a los presentes y hasta a los clientes que es importante. Pero no es más que una basura y la persona a la que más odio y a la que más odiaré. Aunque me cayera bien, pensaría que es molesto el rechinar de la silla, acción que se empeña en repetir cada vez que levanta su culo fofo para “continuar con su trabajo”.
Pero no hace otra cosa que jugar online y tragar de la forma más cerda posible un dulce de tamarindo.
El hablar de él de esta manera me hace daño. Un día fue mi mejor amigo. No había sobre la faz de la Tierra una persona en la que confiara más. Incluso un día lo amé tan profundamente que hubiera sido capaz de matar por él.
Temo haber desarrollado mis capacidades literarias, de forma indirecta gracias a él. Comencé a escribirle, filosófica e ingeniosamente, para que todo quedara entre líneas. ¿Yo? ¿Coquetearte? ¡No inventes, ahí no dice eso!
Tras expresar-no-expresar lo que sentía por él entre líneas, me dí cuenta que podía escribir sobre cualquier cosa, sobre cualquier situación. Me di cuenta que tenía cierto ingenio para escribir.
Comencé
(decir comencé implica una afirmación
SÍ comencé a escribir por ti, maldito cerdo inculto)
a escribirle a él y hoy sigo escribiendo casi por él.
Comencé este blog porque pienso volcar aquí todos mis sentimientos nocivos. Entiéndase por nocivo todo lo no sano. Lo que puede asustar… o herir. Sin embargo no es una total acción para terceras personas. También se trata de mí: de no ahogarme en este veneno, de que salga a presión todo lo pestilente, insano u opresivo que pueda sentir.
El Cerdo se pasea casi involuntariamente a mi lado y de pasadita, checa mi monitor. Es una persona tan enfermamente posesiva que cuando me ve con el messenger o me nota totalmente abstraída, me grita, argumentando que “Es que estás tan metida en esa mierda, que no prestas atención a nada. Aparte, aquí vienes a trabajar, no a ver pornografía”.
Así de obsceno e intratable es El Cerdo.
¡Cómo lo odio!
domingo, 9 de marzo de 2008
El Día Gris...
El día es (indefinida, triunfal, horrorosa, hermosamente) gris. Prefiero los días grises. Si fuera un día soleado, me sentiría casi obligada a estar contenta. Feliz no, pues la felicidad es una emoción más estable... no, no más estable, más profunda.
Cada día odio más este lugar y a estas personas. Cada día me cuesta más venir. Pero no tengo otra opción por el momento. ¿Y el futuro? Tampoco pinta muy amable, pero cualquier cosa será mejor que esto.
Estoy hundida en la mierda.
sábado, 8 de marzo de 2008
Inquietud
Hace como dos años me agregó a su messenger en un acto de solidaridad con una amiga suya: trataba de averiguar si yo conocía al novio de su amiga. ¿Paranoicas? ¡Naaah! Ellas me confundieron con una tipa. Compleja historia, así que mejor me la salto.
La cuestión es que desde siempre sentí una conexión especial con ella. Como si nos conociéramos desde hace mucho. Como si nos necesitáramos. Como si estuviéramos diseñadas para ser excelentes amigas. Hasta ahí, aunque supiera que ambas somos bisexuales.
Hace un par de semanas volvimos a hablar continuamente, tras casi un año de silencio. Y sentí la misma energía
(eso es inconfundible)
que antes. Pero fue hasta ayer, al charlar con ella mientras se comía un Danonino, que sentí algo más. Ella emanaba sensualidad, belleza. Me di cuenta de que es una mujer maravillosa. Inteligente, escéptica, guapísima… y me dije ¿qué tal si…? Entonces, por primera vez en mi vida, me planteé seriamente qué sentiría ante una relación con una mujer. Para empezar, si decidiera estar con una mujer como pareja, sería porque siento algo especial por ella. Algo mágico y revitalizante. Algo
(por dios que miedo)
como lo que estoy empezando a sentir por Natalia.
Claro, mi madre no lo sabría. ¿Para qué decírselo? Se mortificaría. Al final me daría su apoyo… pero la transición de negación a aceptación sería dolorosa para ambas.
Empiezo a tener miedo por lo que siento. Como expectación: ¿Pero cómo? ¿Tú? ¿Corazoncito de Piedra?
No me extraña empezar a sentir cosas por alguien: generalmente dejo vagar mi imaginación, pero no permito que despegue cuando sé que la cosa es imposible. Como con I.B. Imposible, imposible, imposible. Y sin embargo, algo con Natalia… ¿ella qué pensará? ¿Solo me estará dando alas? El que sea un ser excepcional, el que sea bisexual, el que sea maravillosa no quita que pueda solo divertirse dándome ilusiones.
Otra cuestión: la edad. Tengo 18, mientras que ella tiene… bueno, no sé, más. Como 23, 24. Pero si lucháramos por lo nuestro, creo que la edad sería lo de menos. ¿Lucháramos? ¡Es tonto! ¡Ni siquiera sé lo que piensa! Empero, siento cierta seguridad. O quizá es anestesia, para ahogar lo que siento y lo que aflora.
Cómo me mueves el tapete, Natalia…
viernes, 7 de marzo de 2008
La Noche, Solitaria
Casi radiante de felicidad recordé que tenía un paquete nuevo de pilas en mi clóset. Procedí al lavado del vibrador, dejándolo secar paradito en mi escritorio, expectante, mientras buscaba una revista porno, bajo mi cama. Al fin la encontré: pequeña, con ilustraciones a color y con ridículos diálogos entre los protagonistas. Ella era demasiado vieja para mi gusto, pero si cerraba los ojos no se notaba tanto. Él se hubiera visto indeciblemente mejor con circuncisión (tengo cierto trauma con un hombre no circuncidado. Desde entonces mi mente realiza proyecciones).
Temblando un poco de frío, me metí en la cama sin ropa.
La trama de la revista consistía en un hombre celoso y una mujer celada. Mientras fornicaban peleaban y a ratos se reconciliaban, se confesaban incapaces de pasar un día separados… pero menos poéticamente.
Con la mano izquierda sostenía la revista, con los dedos de la derecha me masajeaba el clítoris y ocasionalmente introducía los dedos.
Esta vez no me prendieron tanto las fotografías de sexo oral. Lo que me calentó muchísimo fue verlos de perrito. Sintiendo que no estaba lejos de venirme, cerré los ojos y le dí su santo uso al vibrador, con una potencia mínima, relajante. Relajación. Últimamente he estado muy tensa y necesitaba algo que me relajara. Y vaya que tal sesión nocturna estaba funcionando. Todos mis músculos estaban laxos. Pequeñas gotas de sudor afloraron en mi cuerpo. Las cobijas no eran molestas: me protegían, maximizaban e incubaban mi lujuria. Mi cadera se movía, imaginando que alguien (con cara imprecisa) me penetraba y yo tenía que seguir su ritmo.
Pensé en imágenes recurrentes: una figura de poder (un maestro, el jefe, el padre) penetrando a una figura inferior (alumna, secretaria, empleada, hija) sobre una mesa (la mesa del desayunador familiar, el escritorio del jefe o del maestro). Nada concreto ni real. Me limitaba a sentir y a seguir relajándome. Sin apagar el vibrador, volví a posar mis ojos sobre la revista: él sentado en un sofá con la vieja (literalmente) sobre él, pellizcándose los senos. Sentí una nueva oleada de excitación. Apagué la luz y el vibrador, masajeándome con las yemas el clítoris y pellizcándome los pezones. Siguiendo mis impulsos arqueé la columna vertebral y abrí la boca, gimiendo un poquito y viniéndome largamente.
Antes de dejar de sentir las debidas contracciones, se me ocurrió frotar el vibrador contra mi clítoris. El resultado fue satisfactorio: un segundo orgasmo, más fuerte que el primero. Esta vez mis glúteos y muslos se tensaron al borde del calambre, pero no me importó: la relajación es primero.
Tras esta segunda explosión y todavía con el vibrador encendido, siguieron una serie (enloquecedora) de orgasmos, con menor intensidad que los primeros, pero más disfrutables: por primera vez desde que conocí a I.B. me permití fantasear libremente con él: me penetraba de perrito, dejando humedad de sudor en donde nuestras pieles hacían contacto, con su vello púbico adornado de perlitas de tal humedad. Él, con mis tobillos en sus hombros, embistiéndome con movimientos sensuales. Al imaginar esto último no aguanté mucho: tuve otro mega orgasmo.
Como estaba toda sudada, se me ocurrió tomar un relajante remojón en la bañera… desgraciadamente ya era tarde y ya se me había quitado gran parte del estrés acumulado en dos semanas, así que solo me acomodé para dormir, contenta y satisfecha, pensando un poco en G.M. e imaginando lo que diría si supiera que esa noche de mega orgasmos no había fantaseado con él. ¿Y J.T? No… el pobrecito está tan perdido, que ni se imagina lo obvio: no lo deseo y no encuentro una razón para que continuemos con este seco noviazgo.
Tratando de apartar sensaciones incómodas y quedándome con las placenteras, me quedé dormida.