Hoy llegó un cliente que no es bonito. Pero es guapo hasta su madre. Para colmo es albañil, constructor o algo así y está mamadísimo. Tiene una personalidad harto agradable. Solo ha venido dos veces, contando esta última, ambas yo tenía un humor de la chingada y el wey hace un chiste y yo pendejísima cayéndome de la risa.
Bueno, entra y yo babeando.
El Cerdo probablemente se dio cuenta de la, sino química, atracción hacia él, porque nada más se fue (iba por algo que se le olvidó, necesario para hacer su pedido) y él:
- Qué tan mala serás que ya lo corriste.
Y yo
- Es que temí que si se quedaba más tiempo aquí, no podría resistir el impulso de cogérmelo.
Y como El Cerdo tenía los audífonos puestos
- ¿Mande?
Y yo
- Es que se le olvidó una cosa y fue a su casa a recogerla.
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