miércoles, 12 de marzo de 2008

Si no tienes nada bueno qué decir, cabrón...

Me llevó medio día diseñar los volantes del negocio, que El Cerdo y yo hemos de repartir en los próximos días por los alrededores.

Él claro, aplastado “haciendo su trabajo”. No sabía que uno pudiera percibir dinero por abrir el messenger y jugar a las luchitas con su hermano.

Pero en fin, él es una parte (nula y prescindible) de este negocio y tuve que preguntarte que qué le parecían mis artísticos volantes. Al acercarse a mi monitor, levantó los hombros lanzando una exclamación que daba a entender “No está mal”. No me aguanté y lo miré con jeta de “A ver cabrón, di algo que valga la pena”. Supongo que lo notó, porque se le dibujó en la cara una sonrisa asquerosa y dijo “Sí, está bien Luciérnaga… digo, para lo que nos va a servir”.

Y yo con ganas de recordarle que los volantes pasados dieron resultados y que yo los tuve que repartir, a pesar de que el huevón me prometió que iba a hacerlo. Aunque ahorita que lo pienso, a lo mejor no tenía mucho que ver.

Tal es su juego: yo soy superior a ti en todos los aspectos. Tengo derecho a humillarte y a pensar que cada respiración tuya es un atentado contra mí.

No me gusta hablar de él. De nuestra insana y podrida relación. Pero no puedo ignorar lo que me afecta su sola presencia… es decir, al pensar en el trabajo, pienso en cumplir de alguna manera con él…

Me estoy traumando.

1 comentario:

Derkeshtai dijo...
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