miércoles, 9 de abril de 2008
El último post, de mi otro blog
Aquél blog lo comencé a escribir a los 15, en el 2004. Me di cuenta que el ruido de las teclas era bastante relajante, el mismo ejercicio de ver el teclado mientras escribía y oír el tecleo me servía como un mecanismo para sacar cosas profundas de mí, sin tanto esfuerzo. Bueno, este descubrimiento de la relajación sucedió un par de años atrás, cuando comencé a escribir.
Cuando supe de la existencia de páginas personales, se me hizo complicado tener una. Entonces no estaban de moda los blogs y no sabía que pudiera ser tan fácil escribir y subir mis cosas a internet. Pero claro que no admití mi ignorancia y más bien dije que era pretencioso, tanto o más que Volpi.
Pero luego conocí a una muchacha a la que planeaba impresionar de alguna forma, opinando en su blog y oh sorpresa, tenía que registrarme como usuario de blogger. Bueno, no, pero decidí aprovechar la oportunidad de la información de que era fácil y crear mi blog.
Obviamente repartí mi dirección entre todos mis conocidos y sucedió otro hecho que me puso triste: la cadena de mails, mi legendaria cadena de mails, los cuales enviaba desde hacía dos años a cierta lista de amigos y conocidos con algunos cuentos y reflexiones, se suspendería. Como hecho justo y necesario, pues ¿qué psicópata gasta su valioso tiempo en escribir en su blog y encima mandar el texto a sus amigos?
Hoy en la mañana me dijeron que tenía cierto problema con ser el centro de atención… jajaja, estoy empezando a creer que esa persona no se equivocaba.
domingo, 6 de abril de 2008
¡El Salvador es un Impostor!
En una de esas ocasiones mayoritarias (donde no podía concentrarme en leer ni estudiar) encontré lo que al principio me pareció un muy buen motivo para vivir: buscar, encontrar, admirar la belleza y, más que buscar, encontrar y admirar, sentir el amor. Uy, sí, luego de mis ojos cansados (era el viaje de regreso) brotaron un par de lágrimas (claro, solo trato de ridiculizarme en un intento por demostrar que entiendo lo cursi del argumento).
Suena cursi lo del amor… pero ¿para qué otra cosa estaremos aquí, sino para amar y ser amados? Es un placer, posiblemente químico, que después deriva en otro placer: el sexo, la fuerza motriz del mundo. Una vez civilizada la mayoría de los humanos, hemos descubierto otros motores, no siempre sanos: tener poder, dinero, destruir… ¿por qué no son sanos? Primero, gloriosos lectores, porque son terrenales. Luego, porque como la libertad, nuestra felicidad termina donde pueda afectar la de los demás… aunque, ¿saben? una felicidad basada en la destrucción o el perjuicio ajeno no puede ser otra cosa más que satisfacción. Es decir, no es felicidad genuina si tenemos en cuenta que la felicidad es una fuerza que debe mejorar y clarificar el mundo. La felicidad debe mejorar el mundo, porque nos hace mejores personas estar felices. Después, pensé que hay muy poca felicidad aquí… pero existe todavía y es como un aliciente para buscarla. Si no existiera, no significaría que no fuera posible su existencia, solo que las condiciones para experimentarla (encontrarla) serían sumamente complejas.
Tras limpiar mis inexistentes y cursis lágrimas ante el descubrimiento sobre por qué vale la pena estar aquí (es decir, en qué podemos entretenernos mientras pasamos a otro plano terrenal o terreno donde habrá otros que se habrán entretenido en lo que mejor les pareció) volví a pensar en IB y llegué a otra importante conclusión: me hace falta un novio, de manera urgente. Con Natalia lamentablemente no hubo concreción. Me da a entender que es una femme fatale gustosa de usar y botar a hombres y mujeres que osen enamorarse de ella. En otras palabras, batea mis sutiles coqueteos.
Hace tres semanas, lamentándome de la miserable vida que me tocó (en realidad solo estaba tristona), observé por la puerta del negocio un tipo guapísimo con una vieja buenona y pensé “Claro, se ve que él es muy superficial. Y ella también. Claro, de otra manera no podrían estar juntos. Si uno fuera inteligente… pero, qué rayos, observemos su pulcro físico ejercitado, con botox y dos botellas de laca (uno él, otro ella). Nadie que se preocupe tanto por su aspecto físico exitosamente puede tener un cerebro de buen funcionamiento”. Luego me senté frente al ordenador y derramando cálidas lágrimas de infelicidad comencé a golpearme la frente contra el teclado. A veces tomaba el teclado en las manos y lo llevaba a mi frente y otras la frente iba al teclado (una tipa con buen cuerpo tiene el poder de entristecer aún más a una mujer triste. Una tipa buenona con un tipo bombón tienen el poder de hacer que una mujer se suicide).
Hace dos semanas, mientras esperaba el camión, vi caminar a un par de metros un hombre…. No, no hombre… Hombre, El Hombre que el otro día iba con la tipa buenona. Musculoso, barba de candado, chinitos. Me dije “¿A dónde irá este bombón?” y que me sonríe y que se me acerca preguntándome si tenía mucho tiempo esperando el camión. Le dije que sí, que ya no debería de tardar el otro. Y comenzamos a platicar de manera familiar de cosas terriblemente irrelevantes. ¡Pero estaba guapo! ¡No importó que no habláramos del horrible problema de las aguas residuales de Inglaterra!... Se llama Salvador, le gusta cocinar, piensa estudiar cocina, le encanta la pasta, no lee, no va al cine, le gusta el reven y remató con la confesión de que la próxima semana empezaría a trabajar de albañil en una construcción cercana. Inicialmente me decepcioné (excepto por lo de la cocina), pero luego recordé un relato erótico donde el protagonista era un albañil.
Me fijé en sus ojos… y los vi turbios. Eso no me gustó. Luego me confesó que todavía tenía problemas con la bebida. Como no he leído ningún relato erótico en el que intervenga algún alcohólico, me he dado el lujo de no volver a dirigirle la palabra.
El viernes hubo pelea con y a pesar de que me tomé el fin de semana entero, no me siento desestresada. ¿Podré echarle la culpa a la menstruación o hay un hondo factor psicológico (patología, psicopatía) que me impide vivir felizmente?
A ver, trabajo. Pero es lo de siempre. Hay días en los que hay cosas complicadas y pocas o fáciles y muchas, nada previsible y por lo tanto sería tonto preocuparme por las complicaciones inevitables que puedan venir
Trato de sacar adelante la materia de Lógica, pero temo decir que no me he esforzado lo suficiente. Así que sería tonto estresarme de que no avanzo lo suficiente, a pesar de que es mi culpa.
¿Cuestiones amorosas? Sola como un hongo, pero de todas maneras sería ridículo estresarme porque no tengo pareja… como algún animal, como una tortuga o un pez, por ejemplo.
¿Ondas familiares? Probablemente las deudas me abruman… pero está mal que lo primero que se me venga a la mente al pensar en “familia” sea “deuda”. Aún así, me incomoda que mi mamá se desviva por lavar mi ropa, calentarme la comida y arreglar mi cuarto. Siento como si yo no lo mereciera. O ella exagerara. Puede que no esté dando lo suficiente en ámbito familiar… y en cambio ellos sean considerados conmigo.
martes, 18 de marzo de 2008
Un día normal en la vida de...
Ayer fui a casa de G.M. a “ver Los Simpson” pero obviamente acabamos revolcándonos de la manera más puerca posible (como la mayoría de las veces, a menos que él esté de sentimental y solo se le antoje de misionero, a oscuritas y tocándome la cara).
Creo que el toque especial de esa noche se dio gracias a la canción Alleine zu zweit de Lacrimosa y otras más de Rammstein.
No me acuerdo cómo, pero llegamos al punto de discusión donde debíamos de decir cosas cursis, como que no íbamos solo a su casa a tener orgasmos. Sino que íbamos para sentirnos bien y coger, amarnos un poquito y coger, estar más unidos y coger, etcétera.
No me acuerdo cómo (puta madre) pero empezamos a recordar cómo era nuestra relación hace cinco años, cuando andábamos de novios y toda la cursilería del mundo. La neta me gusta recordar esa época, cuando yo era una mocosa inexperta y tenía roces con mi mamá por mi primer novio… pensándolo bien, solo me gusta recordar cuando G.M. y yo íbamos al parque, tomábamos helados y nos besábamos en las banquitas de los parques. Prefiero omitir las reprimendas injustas y cotorras de mi mamá. Según ella, G.M. me mangoneaba a su antojo y me estaba cambiando de una muchacha responsable a… una muchacha irresponsable.
Cinco años después, el noviazgo se fue a la chingada (de un modo quizá menos espectacular pero igual de dramático que Titanic, cuando El DiCaprio muere), él sigue perdidamente clavado conmigo, yo ando desesperadamente buscando novio y de manera general cogemos de la manera más puercamente posible desde hace tres años. ¿Qué por qué? A lo mejor un día me tomo la molestia de explicarlo, de mientras, les diré que eso no les importa y que se metan en sus asuntos.
Él dijo bien mamonamente, que sabía que yo era una niña y que difícilmente mi amor en aquél entonces podía ser verdadero. Lo peor del asunto ,es que me puso a pensar en si tenía razón y yo me aluciné tremendamente. O sea que me formé una imagen de él y terminé de nalgas por alguien que no existió más que en mi mentecilla puberta.
Y le dije, le dije, entonces le dije
- Ay sí, namás creí que eras superior a mí y que tenías algo que enseñarme y por eso me volví medio oligofrénica por ti en ese entonces ¿no? – le dije
Maldición. Profundicé mis calenturientos sentimientos hacia I.B. y descubrí, que en efecto nuevamente ando de nalgas por la impresión que tengo de él: mayor que yo y con muchísimo que enseñarme. En pocas palabras lo admiro y eso tiene lógica: no podría estar con alguien sin admirarlo y sin sentir que es enormemente chingón.
No me acuerdo cómo (puta madre) pero terminé confesándole que me siento atraída hacia I.B. (doble puta madre).
Él no le daría una excesiva importancia, pero el chiste es que I.B. es su mejor amigo. Aparte, yo debería sentirme culpable, cosa que no siento, si G.M. fuera todavía mi novio., cosa que no es.
Se puso muy nervioso y empezó con sus rollos de la amistad y “I.B. nunca andaría contigo porque es mi amigo”. Y yo pensando “Ajá wey, ahorita mismo voy para su casa en lencería de a suavecita y a ver si no terminamos en su cama”… pero después pensé que no era lo mismo coger que andar. Y le expresé mis sencillos pensamientos “Si I.B. no andaría nunca conmigo, es porque él ha hecho algo y es alguien… en cambio yo, a pesar de que un día seré alguien y haré algo, todavía no soy alguien ni hago nada”. Hasta ese nicho tan cercano a Plutón he subido a mi biólogo favorito.
Ya no tuvimos tiempo de encabronarnos mutuamente (yo porque me dijera que nunca andaría conmigo (o sea ya sé, pero no tiene que decírmelo en voz alta) y él porque me siento atraída por un wey que no es él) porque era tardísimo y evidentemente no avisé en mi casa que iba a llegar tarde debido a mis calenturientas intenciones.
“Oye ma, hoy llegaré tarde. Después de la chamba iré a coger con mi ex, ése que te cae tan bien”.
lunes, 17 de marzo de 2008
¿Por qué eres amarillo?
Pero es lindo verlo en línea. Aunque no hablemos. Es como tenerlo más presente: sé que está ahí, frente a su laptop o su computadora.
Incluso me alegra el día. Pero, claro no estoy enamorada de él…
jueves, 13 de marzo de 2008
Un cliente acogible
Bueno, entra y yo babeando.
El Cerdo probablemente se dio cuenta de la, sino química, atracción hacia él, porque nada más se fue (iba por algo que se le olvidó, necesario para hacer su pedido) y él:
- Qué tan mala serás que ya lo corriste.
Y yo
- Es que temí que si se quedaba más tiempo aquí, no podría resistir el impulso de cogérmelo.
Y como El Cerdo tenía los audífonos puestos
- ¿Mande?
Y yo
- Es que se le olvidó una cosa y fue a su casa a recogerla.
Sexo, pero sin compromiso ¿eh?
Jueves.
La semana se me ha hecho eterna. Sin provecho. Trato de recordar algo relevante del lunes y no encuentro nada…
Así que mejor me aferraré a los recuerdos
(cachondos eroticos placenteros)
del martes.
El lunes tuve un sueño que en otras circunstancias habría sido satisfactorio. Pero a estas alturas, no pudo ser otra cosa que escalofriante: yo, fornicando con mi novio J.T. ¡Incluso intentábamos nuevas poses!... para quien haya leído el primer post, diré que él es el hombre no circundado.
Ambos estábamos entusiasmados, excitados… y me vine. Si hay clasificaciones de orgasmos, diría que aquél fue muy malo: apenas sentí que iba a venir (me), lo perdí. Bueno, no lo perdí, lo experimenté, pero fue poco intenso.
El martes, en el camión rumbo a la casa de G.M., recordé tal experiencia terrorífica… y lo que pasó a continuación, hizo que la olvidara por completo.
A las 8 a.m. estaba puntualísimo G.M. en la puerta de mi casa. Y cómo no, quedamos el día anterior de ir a su casa a tomar un café…
Pero pongámosle el nombre que le pongamos (Oye, por qué no vienes a mi casa a ver una película/tomar un café/para que me ayudes a regar las plantas/para que me digas si mis nuevos pantalones me quedan bien), siempre terminamos pues… poniéndole.
Qué raro. Nunca se me había ocurrido que yo “le ponía” con alguien. Es decir, sí, fornico, hago el amor, tengo sexo, relaciones sexuales, cojo… pero ¿ponerle? No lo había pensado.
Chingadera, su perrito, nos recibió emocionado y no pude evitar darle un par de palmaditas al can en la cabeza. Ya dentro de la casa, no pensaba en el perrito, sino que él me cogiera de perrito.
Antes incluso del toqueteo preliminar, me lavé las manos. Conociendo mis manías, él también se las lavó. La cortina de la regadera
(estaba corrida, yo no, pero pronto lo estaría)
opacaba la poca luz que entraba por la ventanita del baño. Yo estaba con las nalgas y manos contra el lavabo, mientras él se inclinaba hacia mí, oliendo y tocando mi cabello, con los ojos cerrados. Yo también los cerré. Sentí sus manos en mi rostro, en mi cuello, en mis senos, en mi estómago. Bajaban, bajaban… pero el desgraciado me hizo sufrir un poco y hasta ahí llegó.
- Qué indecente eres ¿quieres hacerlo en el baño? – fingió regañarme
No sé qué cosa le contesté. Puedo recordar la calentura que sentía, la humedad que no me molestaba, más bien me excitaba. Puedo recordar que tenía los pezones erectos y que mis pies estaban desnudos, que deseaba besarlo de la forma más cochina posible y hacerle sexo oral brutalmente… pero no puedo recordar qué le contesté. Debió ser algo poco ingenioso, de todas formas.
Fuímos a su cuarto y con un empujón lo senté en la cama. Me puse entre sus piernas, de pie, y lo besé en realidad menos puercamente de lo que me imaginé… al principio. Tras unos segundos le estaba mordiendo el cuello no tan suavemente
(sadomasoquistas oh si)
mientras él me apretaba las nalgas con ambas manos. Cuando le empecé a mordisquear el lóbulo izquierdo, noté su erección contra mi muslo y mi excitación aumentó. Quería que me penetrara de inmediato, así, con todo y ropa, solo con los pantalones abajo
(suyos y míos. Su ropa interior también abajo y yo con una diminuta tanga de pingüinitos esquiando puesta)
para luego sentir cómo se venía sobre mi espalda… pero me controlé: no teníamos prisa. Así que me subí en él, todavía con ropa y comencé a besarlo mientras le tocaba el pene
(¿es pecado estar húmeda en el trabajo? Si es así, en cuanto termine mi turno, seguro iré al infierno)
Él no se aguantó mucho y me quitó la blusa, aventándola a cualquier parte. Se confesó encantado por mis senos y los tocó, metiendo las manos en las copas, pellizcándome los pezones mientras yo me movía sobre su miembro. Me atrajo hacia él y me chupó los pezones, gracias a lo cual casi pierdo la cordura.
Tomándolo de los hombros, rodé para que cayera sobre mí que ya tenía las piernas abiertas. Me quitó el sostén, abrió mi cinturón y me sacó los pantalones de un tirón, autoritario, lo cual me excitó aún más. Solo me quedé con la tanga. Me incorporé para bajarle los pantalones y… comer algo. Estaba verdaderamente hambrienta. Él no gemía: solo me veía hacer, hipnotizado y con una mano sobre mi cabeza
(antes eso me molestaba, pero ahora me agrada)
Detuvo la situación, suavemente, para acostarme sobre la cama. Pero me negué rotundamente y más bien yo lo acosté y luego me puse sobre él, acercando su pene a la entrada de mi vagina, jugando. Él ya estaba más que caliente, se moría por penetrarme… así que lo torturé otro ratito más y luego entró en mí.
Quedamos paralizados un momento, extasiados, pensando que podríamos pasar una eternidad así
(yo lanzo un gemido de placer)
… y luego nos contradecimos y comenzamos a movernos
(ha venido un cliente a pagarme una deuda, yo, totalmente idiotizada por mi propio relato, amén de la humedad entre mis piernas, no supe qué hacer con el dinero que me entregaba, hasta que recordé que tenía que darle su cambio y atender otras peticiones que me hacía)
Le digo que se quede quieto, mientras yo subo y bajo por todo su miembro, primero despacito… después aumentando la velocidad hasta que se vuelve algo casi violento. Él me marca el ritmo, con sus manos en mi trasero. No se aguanta y ocasionalmente me da nalgadas.. lo cual me encanta.
Me incorporo totalmente y cierro los ojos. Respiro más fuerte, exclamo “Oh” más fuerte. En poco tiempo siento llegar un orgasmo, tranquilo, potente
(muy distinto al del sueño)
Y él también lo siente. Cuando abro los ojos, él me mira sonriendo lascivamente y antes de que pueda reaccionar me derriba hacia la cama y comienza a lamerme el clítoris, con dos dedos en la vagina. No puedo aguantar mucho y me vengo otra vez. Él lo vuelve a sentir y sin darme las buenas tardes me levanta las piernas por los tobillos para ponérselas sobre el hombro derecho y penetrarme. Lo que siento es exquisito y sé que lo excitaré si me toco los senos, el estómago, la cara, y eso hago.
Me dice que le encanta mirarme, que le encanto yo y que le encanta penetrarme. Yo le digo que sí, que siga así, que no pare, ooohh (que si para lo mato) y luego correspondo con otro orgasmo. Dice que se va a venir y yo le digo que quiero su semen sobre mi torso. Veo ponérsele la carne de gallina y cerrar los ojos. Él cumple y sacude su miembro hasta la última gota de semen. Pienso en chupar los restos que quedarían en la uretra… pero el recuerdo del sabor del semen me hace desistir.
Tras quitarme de forma torpe el semen con papel higiénico se tiende a un lado y nos miramos por un largo rato.
Creo que es el único exnovio con el que me llevaré tan tan tan bien tras terminar.
Nos entendemos excelentemente bien la cama, que es una lástima que lo nuestro sea irrecuperable.
miércoles, 12 de marzo de 2008
Si no tienes nada bueno qué decir, cabrón...
Él claro, aplastado “haciendo su trabajo”. No sabía que uno pudiera percibir dinero por abrir el messenger y jugar a las luchitas con su hermano.
Pero en fin, él es una parte (nula y prescindible) de este negocio y tuve que preguntarte que qué le parecían mis artísticos volantes. Al acercarse a mi monitor, levantó los hombros lanzando una exclamación que daba a entender “No está mal”. No me aguanté y lo miré con jeta de “A ver cabrón, di algo que valga la pena”. Supongo que lo notó, porque se le dibujó en la cara una sonrisa asquerosa y dijo “Sí, está bien Luciérnaga… digo, para lo que nos va a servir”.
Y yo con ganas de recordarle que los volantes pasados dieron resultados y que yo los tuve que repartir, a pesar de que el huevón me prometió que iba a hacerlo. Aunque ahorita que lo pienso, a lo mejor no tenía mucho que ver.
Tal es su juego: yo soy superior a ti en todos los aspectos. Tengo derecho a humillarte y a pensar que cada respiración tuya es un atentado contra mí.
No me gusta hablar de él. De nuestra insana y podrida relación. Pero no puedo ignorar lo que me afecta su sola presencia… es decir, al pensar en el trabajo, pienso en cumplir de alguna manera con él…
Me estoy traumando.