viernes, 7 de marzo de 2008

La Noche, Solitaria

A pesar de que al día siguiente tendría que levantarme temprano, decidí llevar mi sueño a la realidad. En él, ocurrido durante la noche anterior, le quitaba las pilas a mi coche de control remoto y se las ponía a mi vibrador azul. Es raro que haya soñado con él, porque hace como medio año que no lo usaba. Ni siquiera pensaba en él.

Casi radiante de felicidad recordé que tenía un paquete nuevo de pilas en mi clóset. Procedí al lavado del vibrador, dejándolo secar paradito en mi escritorio, expectante, mientras buscaba una revista porno, bajo mi cama. Al fin la encontré: pequeña, con ilustraciones a color y con ridículos diálogos entre los protagonistas. Ella era demasiado vieja para mi gusto, pero si cerraba los ojos no se notaba tanto. Él se hubiera visto indeciblemente mejor con circuncisión (tengo cierto trauma con un hombre no circuncidado. Desde entonces mi mente realiza proyecciones).

Temblando un poco de frío, me metí en la cama sin ropa.

La trama de la revista consistía en un hombre celoso y una mujer celada. Mientras fornicaban peleaban y a ratos se reconciliaban, se confesaban incapaces de pasar un día separados… pero menos poéticamente.
Con la mano izquierda sostenía la revista, con los dedos de la derecha me masajeaba el clítoris y ocasionalmente introducía los dedos.

Esta vez no me prendieron tanto las fotografías de sexo oral. Lo que me calentó muchísimo fue verlos de perrito. Sintiendo que no estaba lejos de venirme, cerré los ojos y le dí su santo uso al vibrador, con una potencia mínima, relajante. Relajación. Últimamente he estado muy tensa y necesitaba algo que me relajara. Y vaya que tal sesión nocturna estaba funcionando. Todos mis músculos estaban laxos. Pequeñas gotas de sudor afloraron en mi cuerpo. Las cobijas no eran molestas: me protegían, maximizaban e incubaban mi lujuria. Mi cadera se movía, imaginando que alguien (con cara imprecisa) me penetraba y yo tenía que seguir su ritmo.

Pensé en imágenes recurrentes: una figura de poder (un maestro, el jefe, el padre) penetrando a una figura inferior (alumna, secretaria, empleada, hija) sobre una mesa (la mesa del desayunador familiar, el escritorio del jefe o del maestro). Nada concreto ni real. Me limitaba a sentir y a seguir relajándome. Sin apagar el vibrador, volví a posar mis ojos sobre la revista: él sentado en un sofá con la vieja (literalmente) sobre él, pellizcándose los senos. Sentí una nueva oleada de excitación. Apagué la luz y el vibrador, masajeándome con las yemas el clítoris y pellizcándome los pezones. Siguiendo mis impulsos arqueé la columna vertebral y abrí la boca, gimiendo un poquito y viniéndome largamente.

Antes de dejar de sentir las debidas contracciones, se me ocurrió frotar el vibrador contra mi clítoris. El resultado fue satisfactorio: un segundo orgasmo, más fuerte que el primero. Esta vez mis glúteos y muslos se tensaron al borde del calambre, pero no me importó: la relajación es primero.

Tras esta segunda explosión y todavía con el vibrador encendido, siguieron una serie (enloquecedora) de orgasmos, con menor intensidad que los primeros, pero más disfrutables: por primera vez desde que conocí a I.B. me permití fantasear libremente con él: me penetraba de perrito, dejando humedad de sudor en donde nuestras pieles hacían contacto, con su vello púbico adornado de perlitas de tal humedad. Él, con mis tobillos en sus hombros, embistiéndome con movimientos sensuales. Al imaginar esto último no aguanté mucho: tuve otro mega orgasmo.

Como estaba toda sudada, se me ocurrió tomar un relajante remojón en la bañera… desgraciadamente ya era tarde y ya se me había quitado gran parte del estrés acumulado en dos semanas, así que solo me acomodé para dormir, contenta y satisfecha, pensando un poco en G.M. e imaginando lo que diría si supiera que esa noche de mega orgasmos no había fantaseado con él. ¿Y J.T? No… el pobrecito está tan perdido, que ni se imagina lo obvio: no lo deseo y no encuentro una razón para que continuemos con este seco noviazgo.

Tratando de apartar sensaciones incómodas y quedándome con las placenteras, me quedé dormida.

1 comentario:

.X. dijo...

en todo caso, igual es extraño el haber creado los blogs con nombres iguales (uno plural y el otro singular) y publicar una entrada el mismo dia. Tremenda coincidencia ^o^